HOGARES ROTOS Y DESESTABILIZACIÓN JUVENIL.

12 de noviembre de 2020

La crisis actual empuja a un alto porcentaje en rupturas familiares complicadas cuyos estragos lo sufrirán, en primera persona, los propios menores.

Este hecho genera un impacto psicológico relevante teniendo en cuenta que, por un lado las reacciones son diversas y por otro lado, en general, lo que está pasando es que las crisis de pareja, se producen por problemas que ya venían gestándose.

A todo ello, la desestabilización juvenil por la estancia en casa muchas horas,  puede estallar en mil direcciones, desde la agresividad física o verbal que se traduce en violencia intrafamiliar como el proyectado por un excesivo uso de las tecnologías dando lugar a ciberdelitos (ciberviolencia de género, ciberbullying, grooming, sexting…).

En este sentido, un estudio de la National Crime Agency (NCA) de UK muestra, por ejemplo, que un 61% de los piratas informáticos comienzan su actividad a los 16 años. ¿Pero qué lleva a estos menores a delinquir tan jóvenes?. La teoría tradicional de la Criminología, sostiene que las personas con mayor tendencia a delinquir, son aquellas que tienen un autocontrol bajo así como una actuación impulsiva para conseguir aquello que necesita, siendo una reacción típica de los jóvenes. Si esta conducta desajustada se extrapola en los procesos de ruptura familiar, según información obtenida por el Foro Español de la Familia, el 60% de los hijos de padres divorciados requieren tratamiento psicológico, el 50% ha tenido problemas de alcohol y drogas antes de los 15 años y el 65% tiene una relación conflictiva con uno de sus progenitores. Entre un 15-20% de los divorcios o rupturas de parejas con hijos tienen un elevado nivel de conflictos siendo los principales problemas de discusión el tipo de custodia, la residencia de los menores y la pensión de alimentos así como la pensiones compensatorias.

Bien es cierto, que existen tres categorías de jóvenes con problemas de integración social:

  • Por psicopatías.
  • Por antecedentes familiares (inadaptación social y con antecedentes de violencia física y/o psicológica familiar).
  • Los jóvenes normales adolescentes y preadolescentes (actos de vandalismo, hurtos y robos, ciberdelitos, delitos para satisfacer sus propias necesidades).

Si se toma como perfil a un menor normal en etapa adolescente o preadolescente, controlado por la imposibildiad de salir libremente, el impacto psicológico que ello conlleva sufriendo a la vez un pleno proceso de ruptura familiar mal gestionado donde los progenitores no controlan su ira y conflicto, el menor sufrirá una posible transformación que lo puede llevar hacia el fracaso escolar o bien, hacia una reacción violenta por inadaptación de la situación familiar y sufrimiento que puede llevarle a un amplio aspectro delictivo.

Teniendo en cuenta que según el INE, a falta todavía de los datos del 2019 que se publicarán durante el 2020, en el año 2018 y según el Registro Central de Sentencias de Responsabilidad Penal de los Menores fueron 13.664 los menores condenados por sentencia firme (información publicado el 20/9/19) https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=estadistica_C&cid=1254736176795&menu=ultiDatos&idp=1254735573206, bien es cierto que la triste pandemia ha dado lugar a escalofriantes cifras de contagiados y muertes, pero también, a la vuelta de la esquina, una alarmante escalada de tensión familiar, procesos de ruptura y ascenso previsible de delicuencia juvenil  o bien, jóvenes con problemas de inadaptación.

CAMBIOS NECESARIOS: La jurisdicción de familia.

Por último, la absoluta necesaria creación de la jurisdicción de familia, permitirá activar los mecanismos legales para que, los procesos de rupturas familiares, se tramiten y analicen en un entorno especializado. La jurisdicción de familia evitará que muchos menores sufran las consecuencias de una mala justicia en familia y, por tanto, ello ayudará también a reducir la delicuencia o destabilización juvenil derivado de procesos conflictivos porque, el joven delincuente, también es víctima de su propia violencia que, en la mayoría de ocasiones, ni el propio menor entiende por qué motivo la desarrolla. La justicia de familia debe empatizar, sobre todo, con el menor por su máximo interés superior que tanto proclama reiteradísima jurisprudencia menor y mayor. Hagamos realidad, entonces,  este principio rector.

Por este motivo, como abogada de familia, antes de acudir a un proceso complejo, recomiendo el diálogo e inclusive la terapia familiar de todos los miembros para evitar un conflicto innecesario y recuperar a tiempo, los menores y jóvenes para evitarles daños irreparables.

Puedes llamarnos al 937 933 408 o solicitar una visita


Contacta con nosotros.

aviso legal

Los campos marcados con asterisco (*) son obligatorios